Apreciada Ana Maria
Esta es la respuesta a la valiosa contribución,
Me gustaría que prestáramos mayor atención a la preocupación que sumercé propone: "reconsiderar el rol del pasado en el presente y cuestionar las estructuras que sustentan nuestras prácticas culturales y científicas." Y lo ubico en la realidad nacional que enfrentamos en este momento. Tal vez la presente respuesta será demasiado política, pero creo que en un país como Colombia, estas posiciones frecuentemente son necesarias. Quizá países como nosotros, en frecuente crisis, carecemos de la aplicación de arqueología en la manera en que comprendemos nuestros presentes, individuales como colectivos. Ha habido un afán recurrente por registrar en archivos las leyes, los pormenores de lo que vivir en Colombia es y en no pocas oportunidades se ha mencionado cómo las constituciones latinoamericanas pueden ser referentes internacionales en cuestiones como los Derechos Humanos. Desafortunadamente, esta realidad archivística dista considerablemente de la realidad efectiva y material de las personas que vivimos en el territorio. ¿Y en dónde se encuentran las razones? ¿Podría la arqueología filosófica permitirnos iluminar este problema y otros, como la desigualdad, la discriminación, la corrupción y la criminalidad, casi que crónica que, prácticamente, ya nos son inherentes? El presente es un mensaje que busca enraizar la arqueología en la realidad colombiana y ubicarla como una de las más potentes herramientas para empezar a comprender y, posiblemente, iniciar a cambiar, modificar y tender hacia una condición social, económica y política mucho más justa y buena en términos generales de felicidad y posibilidades de realización de las búsquedas humanas dentro de un contexto óptimo.Cordialmente,
Juan Quevedo
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